Un hecho que ha generado gran controversia se habría presentado en el municipio de Gamarra, Cesar, y no precisamente por un anuncio de obras o logros administrativos, sino por un presunto altercado entre el alcalde Cristian Márquez Badillo y su hermano Fernando Márquez, excandidato a la alcaldía y figura influyente en la política local.
Aunque el mandatario desmintió lo ocurrido a través de un video difundido en redes sociales, fuentes oficiales y ciudadanos del municipio sostienen que sí se produjo una discusión acalorada, incluso con agresiones, relacionada con el manejo de contratos y decisiones administrativas. De ser cierto, esto pondría en evidencia un grave problema de fondo: ¿quién realmente gobierna Gamarra?
La historia de esta administración comenzó con una inhabilidad. Fernando Márquez, impedido legalmente para aspirar, dejó en su lugar a su hermano Cristian, quien terminó ganando las elecciones con el respaldo estructural que inicialmente había construido Fernando. Desde entonces, la sombra del excandidato ha estado presente en cada movimiento de la alcaldía, tanto así que muchos afirman que ninguna decisión se toma sin su visto bueno.
¿Estamos frente a un gobierno local legítimo o a una alcaldía manejada como empresa familiar?
El municipio clama por soluciones reales. El desempleo golpea fuerte, la economía informal domina y la calidad de vida se deteriora sin que se perciban gestiones eficaces para revertir la situación. Mientras tanto, el alcalde aparece más activo en sesiones fotográficas, campañas publicitarias y visitas protocolarias, que en acciones concretas que respondan a las necesidades urgentes del pueblo.
No es ético ni democrático que un cargo público se administre bajo la lógica del agradecimiento personal o de compromisos familiares. El poder no se hereda ni se comparte por conveniencia. El pueblo eligió a un alcalde, no a una dupla, ni a un delegado de intereses ajenos.
Gamarra merece liderazgo autónomo, decisiones firmes y un gobierno comprometido con su territorio. No puede seguir siendo gobernada por ausentes, ni mucho menos por quienes solo aparecen para firmar contratos o figurar cuando llegan recursos del Sistema General de Participaciones.
La ciudadanía está cansada de excusas y promesas vacías. Es hora de que el alcalde asuma plenamente su responsabilidad, rompa con la dependencia y gobierne con independencia, transparencia y verdadera vocación de servicio.
Porque al final, un municipio no se levanta con palabras, sino con hechos, y no se gobierna desde la sombra, sino con luz propia y cara al pueblo.


