La Revista Musical Oro fue el alma de la inauguración del Festival de la Leyenda Vallenata y al Binomio de Oro, una de esas veladas que no necesitan exageraciones porque se sostienen en lo que la gente siente de verdad. Desde temprano, el Parque de la Leyenda se fue llenando como en día de fiesta grande, con familias, amigos y seguidores que llegaron con ganas de escuchar esas canciones que han marcado la vida entera.
La revista, dedicada a Israel Romero, a Rafael Orozco y al Binomio de Oro de América, fue un recorrido por ese vallenato que se canta sin esfuerzo, porque ya vive en la memoria. Cada acorde sonó familiar, como cuando suena un tema en la sala de la casa o en una parranda entre amigos, y nadie necesita que le digan la letra porque todos la saben.
Bajo la dirección de José Fernando “El Morre” Romero y su hijo José Rafael Romero, la puesta en escena tuvo orden, pero también ese toque espontáneo que caracteriza al vallenato. Supieron juntar generaciones, estilos y voces, manteniendo siempre el respeto por el legado del Binomio. No fue una revista ‘fabricada’, fue cercana, porque las canciones del Binomio viven en el corazón de la gente que ama el vallenato, pensada para que la gente se sintiera parte de lo que estaba pasando.
Los artistas fueron apareciendo uno a uno, trayendo consigo canciones que despertaron recuerdos. Hubo momentos de euforia, otros de nostalgia, y muchos de esos en los que el público se queda cantando solo, como si el escenario fuera una extensión de la misma gente.
Ver a cada uno de los grandes exponentes del vallenato interpretar las canciones del Binomio de Oro con el acompañamiento en el acordeón de los exponentes de la Dinastía Romero: Rafael, Morre, José Rafael, Norberto y Limedes, fue un espectáculo que quedó grabado en el corazón de los seguidores del vallenato.
Uno de los instantes más impactantes fue la aparición de la imagen de Rafael Orozco gracias a la inteligencia artificial, un detalle que, más allá de la tecnología, tocó fibras y arrancó aplausos sinceros.
En medio de esa misma noche, Israel Romero fue coronado como Rey Vitalicio, un reconocimiento que llegó rodeado de cariño y respeto, como se le da a quienes han hecho tanto por la música. Fue un momento sencillo, pero cargado de significado, en el que se sintió la historia viva del vallenato.
Al final, la Revista Musical Oro dejó la sensación de haber estado en algo más que un evento. Fue como volver a esos tiempos donde la música reunía a todos sin distinción, donde bastaba un acordeón para contar historias y donde nombres como los del Binomio siguen sonando como si el tiempo no pasara. Porque cuando el vallenato es de verdad, no se queda en el escenario: se va con la gente y sigue sonando en cada rincón.

