En la edición 59 del Festival de la Leyenda Vallenata, una niña de tan solo ocho años rompió todos los pronósticos y escribió una de las páginas más inspiradoras del certamen. Se trata de Sheryl Sofía Arcos Higuita, oriunda de Carepa, Antioquia, quien se coronó como Reina de la piqueria infantil, demostrando que el talento no tiene fronteras y que el folclor vallenato sigue expandiendo sus raíces más allá del Caribe colombiano.
Talento que trasciende fronteras
La historia de Sheryl Sofía no es solo la de una victoria, sino la de un puente cultural. Proveniente del Urabá antioqueño —una región donde la tradición oral también vibra con fuerza a través de la trova paisa—, la niña logró conectar con la esencia de la piqueria vallenata, ese duelo de ingenio y repentismo que enfrenta a dos verseadores en un intercambio de agudeza, picardía y creatividad.
No es casualidad. La trova antioqueña, con su dinámica de contrapunteo, guarda similitudes con la piqueria: ambas exigen rapidez mental, dominio del lenguaje y una chispa escénica que cautive al público. Sheryl entendió ese lenguaje común y lo tradujo con naturalidad en el escenario vallenato.
Una reina en medio del reto
En el Centro Recreacional La Pedregosa, escenario del concurso, se vivió una jornada vibrante. Desde tempranas horas, los participantes exhibieron su destreza en versos libres y de pie forzado, confirmando que la nueva generación viene preparada para sostener uno de los pilares más exigentes del festival.
Sin embargo, entre todos, destacó una figura singular: Sheryl Sofía era la única niña en competencia. Lejos de intimidarse, convirtió esa condición en su mayor fortaleza. Con seguridad, carisma y una notable madurez artística, se ganó el respeto de sus contendores, el cariño del público y la valoración del jurado, integrado por expertos como Richar Leguizamo Peñate, Juan Arteaga y Julio Cárdenas.
Su triunfo fue contundente. En segundo lugar se ubicó Geremías David Carranza Muñoz, de San Marcos, Sucre, mientras que el tercer puesto fue para Lucas Sebastián Vega Fernández, de Fonseca, La Guajira. Entre los finalistas también estuvo Joseph Julián Arcos Delgado, primo de la ganadora, en una competencia que incluso tuvo tintes familiares.
Versos con identidad y mensaje
Más allá de la técnica, Sheryl conquistó con su esencia. Sus intervenciones estuvieron marcadas por la alegría, el ritmo y un mensaje claro: el orgullo de ser mujer en un escenario tradicionalmente dominado por hombres. “Dedico este triunfo a todas las mujeres… me siento orgullosa de representarlas”, expresó la niña, dejando ver una sensibilidad que trasciende su edad. En cada verso, combinó picardía y firmeza, demostrando que la improvisación también puede ser un espacio de reivindicación. A su talento verbal sumó un toque escénico especial: el baile, que le permitió conectar aún más con el público y darle un sello propio a su presentación.
El relevo generacional está asegurado
El triunfo de Sheryl Sofía Arcos Higuita no solo celebra a una campeona, sino que reafirma la vitalidad de la piqueria infantil como semillero del folclor vallenato. Su proceso formativo en la Casa de la Cultura Jaime Ortiz Betancur, en Chigorodó, evidencia la importancia de las escuelas culturales en la preservación de estas tradiciones.
Su historia deja una lección clara: el vallenato ya no es exclusivo de una región, sino un lenguaje nacional que encuentra eco en distintas geografías. Desde el Urabá antioqueño hasta Valledupar, Sheryl tejió un camino de versos que hoy la consagran como símbolo de integración cultural y esperanza artística.
Con apenas ocho años, ya hizo historia. Y todo indica que su voz —ágil, valiente y llena de identidad— apenas comienza a resonar.

