Hay despedidas que resultan difíciles de comprender, la partida de Sorannys Oñate Quintero es una de ellas. A sus apenas 30 años, deja un profundo vacío en su familia, en sus amigos, en sus compañeros de trabajo y en toda la comunidad de Pueblo Bello, pero también deja un legado de servicio, entrega y amor por los demás que permanecerá para siempre.
Sorannys fue una mujer trabajadora, humilde, comprometida y profundamente humana, fue una hija ejemplar, orgullosa de sus raíces y profundamente agradecida con su familia, valores que reflejó a lo largo de toda su vida. Fisioterapeuta de profesión y especialista en Terapia Manual Ortopédica, encontró en su vocación una manera de servir y mejorar la vida de las personas, su formación profesional estuvo siempre acompañada de una gran sensibilidad humana, cualidades que la llevaron a desempeñar con dedicación y responsabilidad cada uno de los roles que asumió. Como Secretaria de Salud, Cultura y Deporte del municipio de Pueblo Bello, ejerció su labor con liderazgo, compromiso y una permanente preocupación por el bienestar de la comunidad.
Su capacidad de trabajo, su cercanía con la gente y su disposición para escuchar y ayudar la convirtieron en una funcionaria querida y respetada, pero más allá de los cargos y las responsabilidades, quienes tuvieron el privilegio de conocerla recuerdan a una amiga sincera, una compañera solidaria y una mujer que irradiaba alegría aun en los momentos más difíciles.
En la actual administración municipal, liderada por el alcalde Alfredo Bohórquez y la gestora social Lucía Méndez, se reconoció desde el primer momento en Sorannys a una mujer íntegra, capaz, comprometida y con una profunda vocación de servicio, por ello, le fue confiada la Secretaría de Salud, Cultura y Deporte, una de las dependencias más importantes para el bienestar de la comunidad. Durante su gestión respondió a esa confianza con trabajo incansable, responsabilidad, cercanía con la gente y una entrega ejemplar que dejó una huella imborrable tanto en la administración como en los habitantes de Pueblo Bello.
La enfermedad puso a prueba su fortaleza, pero jamás logró apagar su esencia. Sorannys enfrentó cada desafío con valentía, manteniendo siempre una sonrisa que transmitía esperanza y una voluntad inagotable de servir, aun cuando libraba sus propias batallas, encontraba tiempo para escuchar, acompañar y apoyar a quienes la necesitaban, esa capacidad de pensar en los demás, incluso en medio de sus dificultades, es quizás una de las huellas más profundas que deja en quienes hoy lamentan su partida.
Como profesional de la salud entendió que sanar iba mucho más allá de una profesión, significaba escuchar, acompañar y servir. Esa vocación fue la misma que la distinguió como funcionaria, compañera y amiga, su vida fue un ejemplo de resiliencia, amor y entrega. Fue una mujer luchadora que nunca permitió que las circunstancias definieran sus sueños ni limitaran su deseo de ayudar, su energía, su carisma y su compromiso permanecerán en la memoria de quienes compartieron con ella, trabajaron a su lado o recibieron una palabra de aliento en los momentos que más lo necesitaban.
Hoy Pueblo Bello despide a una gran mujer, pero también honra una vida que valió la pena, una vida dedicada al servicio, a la amistad, a su familia y a la construcción de bienestar para los demás y aunque su partida deja tristeza, también deja el consuelo de haber conocido a una persona excepcional, cuya huella permanecerá viva en cada recuerdo, en cada enseñanza y en cada vida que logró tocar con su bondad.
Treinta años pueden parecer pocos para medir una vida, pero fueron suficientes para sembrar afecto, construir amistades, servir con pasión y dejar una marca imborrable en el corazón de quienes la conocieron. Su ejemplo de fortaleza, humildad, profesionalismo y vocación de servicio seguirá inspirando a quienes tuvieron el privilegio de compartir parte del camino con ella.
Porque hay personas que nunca se van del todo y Sorannys Oñate Quintero será recordada por la fuerza con la que luchó, por el amor con el que sirvió, por la nobleza de su corazón y por la sonrisa con la que enfrentó cada día de su vida.




