Las calles del Cesar, y especialmente las de Valledupar, se han convertido en escenarios de alto riesgo debido a un fenómeno creciente: adolescentes y jóvenes involucrados en prácticas peligrosas que ya han cobrado vidas. Desde «torear» tractocamiones hasta enganchar bicicletas a vehículos en movimiento, estas acciones reflejan un patrón preocupante de comportamiento que va más allá de la simple búsqueda de adrenalina.
La reciente muerte de un joven en Mariangola, mientras se enfrentaba a camiones en plena vía, volvió a poner sobre la mesa una problemática que ha sido advertida en varias ocasiones por medios de comunicación y líderes comunitarios, sin que hasta ahora se tomen medidas contundentes.
En algunos barrios, la emoción del peligro se ha vuelto una forma de escape ante la ausencia de oportunidades reales de desarrollo y bienestar.
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