Con una ciudad organizada, segura y volcada a recibir a miles de visitantes, Valledupar cerró con balance altamente positivo la versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata, en la que la administración del alcalde Ernesto Orozco Durán logró articular medidas, campañas y acciones sociales que permitieron el desarrollo exitoso de la máxima fiesta de acordeones. Más allá del brillo cultural y musical, el festival dejó una señal clara: la ciudad está preparada para grandes eventos, con institucionalidad activa, planificación y liderazgo
Seguridad y control: el orden como prioridad
Uno de los pilares del buen desarrollo del festival fue la implementación del Decreto 0303 de 2026, con el que la Alcaldía estableció reglas claras para garantizar la movilidad, la seguridad y la convivencia. La restricción nocturna de motocicletas en el perímetro urbano, entre el 29 de abril y el 2 de mayo, se convirtió en una de las medidas más visibles, contribuyendo a reducir riesgos en horarios de alta afluencia. A esto se sumaron limitaciones al transporte de escombros, mudanzas y cilindros de gas, evitando congestiones y posibles emergencias.
El control también se extendió a espacios sensibles como el Río Guatapurí, donde se restringieron actividades nocturnas para prevenir incidentes, así como la regulación de horarios para establecimientos de expendio de bebidas alcohólicas. Estas decisiones, lejos de ser improvisadas, respondieron a una estrategia de prevención que buscó blindar la ciudad durante los días más intensos del festival.
Una ciudad que se proyecta al mundo
El Festival no solo se vivió en tarimas y escenarios, sino también en la imagen que proyectó Valledupar como destino turístico y cultural. El video oficial de esta edición, realizado por la Alcaldía en conjunto con la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, exaltó la historia y esencia del vallenato con un homenaje a Israel Romero y Rafael Orozco, figuras emblemáticas del Binomio de Oro de América. Más allá de lo artístico, el mensaje fue contundente: Valledupar es una Ciudad de Eventos: organizada, acogedora y lista para recibir al mundo. Un concepto que, en la práctica, se vio respaldado por logística, espacios adecuados y coordinación institucional.
Hubo pedagogía para la convivencia
El componente social también tuvo protagonismo durante el festival. A través de la campaña “¡Ombe Que No!”, liderada por la gestora social Milena Serrano, la administración municipal reforzó acciones de sensibilización para promover el respeto y prevenir la violencia de género. Con presencia en puntos estratégicos como la Terminal de Transporte, la Plaza Alfonso López y sectores de alta concurrencia, los equipos institucionales desarrollaron jornadas pedagógicas, socializando rutas de atención y fomentando la denuncia oportuna.
El mensaje fue claro: la fiesta también es responsabilidad ciudadana. La prevención, el respeto y la convivencia fueron promovidos como valores esenciales para disfrutar el festival en armonía.
Cultura, economía y convivencia
El impacto del festival no se limitó al ámbito cultural. Comerciantes, hoteleros, transportadores y trabajadores informales encontraron en estos días una oportunidad clave para fortalecer sus ingresos, en una dinámica económica que benefició a amplios sectores de la ciudad.
Al mismo tiempo, campañas institucionales y estrategias sociales reforzaron mensajes de convivencia, respeto y disfrute responsable, elementos que hoy permiten hablar de un festival no solo exitoso en asistencia, sino también en comportamiento ciudadano.
Un balance que proyecta futuro
Con la culminación de esta edición del festival, Valledupar reafirma su lugar como capital mundial del vallenato y como destino turístico de primer nivel en Colombia. El balance positivo deja una hoja de ruta clara: planificación, autoridad, promoción cultural y trabajo articulado son la fórmula para eventos exitosos.
La versión 59 del Festival de la Leyenda Vallenata no solo celebró la música y la tradición, sino que también evidenció que, cuando hay dirección y compromiso institucional, la ciudad está a la altura de los grandes escenarios.

