En la tarde de hoy, la ciudad de Bucaramanga fue testigo de la triste partida de Víctor Roqueme Quiñonez, alcalde de Aguachica, Cesar, a la temprana edad de 26 años. Tras ser trasladado desde su municipio debido a graves quebrantos de salud, Roqueme Quiñonez falleció en una clínica donde se encontraba internado.
Roqueme, ingeniero civil, egresado de la Universidad Francisco de Paula Santander, se había convertido en un referente de liderazgo y compromiso para su comunidad, gracias a una gestión que, aunque corta, dejó huellas imborrables en Aguachica.

Proveniente de una familia reconocida en la región, Víctor, respaldado por los partidos Conservador y Cambio Radical, se ganó el cariño y respeto de sus conciudadanos, obteniendo una contundente votación de 22,995 votos en las elecciones que lo llevaron a la alcaldía el pasado 29 de octubre.
Su administración, caracterizada por un enfoque integral y una visión clara de desarrollo, priorizó la atención a la infancia, el fortalecimiento de las zonas rurales, la promoción del deporte y la mejora de la seguridad en el municipio. Estos objetivos, plasmados en su proyecto político, no solo representaban sus promesas de campaña, sino que también reflejaban su profundo amor y responsabilidad hacia Aguachica.

Durante sus ocho meses de mandato, Roqueme Quiñonez enfrentó desafíos significativos, pero su determinación lo llevó a emprender acciones concretas que comenzaron a transformar el segundo municipio más grandes del Cesar. Desde el mejoramiento de la malla vial hasta la titulación masiva de terrenos, pasando por la reparación de fugas en el sistema de acueducto, cada iniciativa fue una muestra de su compromiso con el bienestar de los aguachiquenses.
Víctor Roqueme, siempre destacó el avance hacia la consolidación de un Aguachica más seguro y próspero, reafirmando su intención de devolverle todo el esplendor que la ciudad merece. Su legado, marcado por la dedicación y el trabajo incansable, sienta las bases para un futuro prometedor.

Hoy, Aguachica despide a su joven alcalde, pero su visión y esfuerzo quedarán para siempre en la memoria colectiva. La transformación de la ciudad, impulsada por su liderazgo, continuará guiando a los habitantes hacia un horizonte lleno de progreso y bienestar. Víctor Roqueme Quiñonez deja una ciudad en marcha, con la esperanza de un mañana brillante que él mismo comenzó a construir.




