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Viviendo un duelo

Por: María Claudia Vargas Calderón

Cada proceso de duelo es único y hoy quisiera compartirles un poco sobre el mío.

Mi padre murió hace 33 años en un atentado terrorista propiciado por Pablo Escobar. Esta aterradora situación cambió la vida de muchos, en especial la de mi madre, mis hermanos y la mía. Este violento e impactante hecho que aún hace parte de la guerra actual de Colombia,  hiló la historia de nuestras vidas. Cada uno viviendo un proceso distinto.

A la edad de cinco años más o menos, hice conciencia que mi padre no se encontraba entre nosotros físicamente y empecé a vivir un duelo. En la medida que fui creciendo y gracias al ejemplo de mi madre empecé a conocer del amor de Dios. Y esta siempre ha sido mi gran armadura. Pero desde mi proceso, cuestionaba los designios De Dios y batallaba con El, preguntándole: ¿por qué justo mi padre? Y ¿Cómo serían nuestras vidas si él estuviera? Estas preguntas y otras me arrastraban en sentimientos de melancolía y tristeza profunda, igual que a mis hermanos.

Además de mi camino espiritual empecé a recibir apoyo terapéutico y el dolor empezó a tener sentido. Pero siempre me negué la posibilidad de vivir ciertas realidades, cómo por ejemplo acercarme al Hotel Hilton, lugar donde explotó la bomba. El puente pasado, mi esposo me motivó a ir. Me dijo que él y nuestros hijos querían seguir reconstruyendo ese duelo a mi lado. Desde ese momento, mi corazón empezó a latir más rápido y las lágrimas caían de mis ojos, era inevitable. Era difícil para mí estar en el último lugar donde estuvo mi padre y donde falleció violentamente. No fue una enfermedad, no fue un accidente. Fue Alguien que decidió poner una bomba en este sitio.

Al llegar al Hotel, mi esposo buscó a un trabajador de esa época y fue así como conocimos al Señor Luis. En ese entonces, trabajaba en el área de seguridad del hotel.

Cuando me vio y escuchó mi apellido, empezó a llorar de guayabo. Nos dimos un fuerte abrazo y me dijo: “eres la hija de German Vargas”

El señor Luis, me explicó El Paso a paso de ese día. No les puedo explicar lo que mi corazón sentía. Una pareja con un bebé en un coche se encargaron de poner la bomba en la habitación 640 y mi padre Germán Vargas Lobo y sus compañeros Manuel Gutiérrez y José Manuel Romero se encontraban en la 638

Mi padre en ese momento descansaba porque al día siguiente exponía en el congreso internacional de gastroenterología.

Fuimos hasta las habitaciones, hicimos preguntas, lloramos juntos y continuamos viviendo el duelo. Pude enfrentarlo después de 32 años de vida. Conocí parte de la historia que no conocía y eso le da más sentido a mi proceso de duelo.

El señor Luis nos contó que cada año le hacen una misa a mi padre y a su colega. Las únicas víctimas fatales de este atentado terrorista.

Fue duro, pero el dolor merece ser sentido.

Gracias a Dios y gracias a mi esposo y a mis hijos por acompañarme a vivir un duelo.

PD: gracias señor Luis, pues al llegar a su encuentro me ha permitido continuar viviendo un duelo.

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