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WIlfran Castillo, el hombre que le puso palabras al amor 

Por: Mauricio Maldonado

Hay hombres que nacen para sentir lo que los demás sienten, pero no saben decir. Wilfran Castillo Utria es uno de esos hombres. Nació en Valledupar el 16 de febrero de 1976, en el mismo suelo donde el acordeón aprendió a llorar y la caja a reír, y desde entonces no ha parado de escribir el diccionario sentimental de un continente.

El niño que escuchaba con el alma   

Valledupar no es solo una ciudad. Es un estado de ánimo, una escuela sin muros donde la música entra por las ventanas antes que el viento. Wilfran creció rodeado de pentagramas invisibles: su familia y el universo folclórico que palpitaba en cada esquina del barrio le enseñaron que las palabras más importantes no se dicen, se cantan. Estudió en el colegio Rafael Núñez y muy pronto descubrió que el fútbol, su otro amor, le quedaba un poco corto al lado de los versos. 

Fue su tío, el maestro Omar Geles, quien lo recibió a los 14 años bajo su techo y su sabiduría. Allí, Wilfran aprendió a escudriñar las partituras de Gustavo Gutiérrez y Carlos Huerta como quien lee un evangelio, hasta que su propio pulso empezó a dictar canciones que no existían aún.  

La primera letra, el primer milagro   

A los 17 años, en 1993, Wilfran escribió su primera canción: «Sueños de olvido». Los Diablitos del Vallenato la grabaron al año siguiente en la voz de Jesús Manuel Estrada. Nadie sabía entonces que ese muchacho acababa de abrir una puerta que no volvería a cerrarse. Desde aquella madrugada de inspiración hasta hoy, ha compuesto más de 900 canciones, un número que suena a cifra pero que en realidad es un océano de historias humanas, cada una con su propia marea. 

«Hoja en blanco» se volvió un clásico grabado en más de 25 versiones alrededor del mundo. «Que Dios te bendiga» reemplazó el cumpleaños feliz en millones de hogares hispanos. «Arroyito», en la voz de Fonseca, cruzó fronteras que el vallenato no había cruzado. «Enamórate como yo», con Adriana Lucía; «El pasado es pasado» y «La traición se paga» con Silvestre Dangond. Para Jorge Celedón, para Peter Manjarrés, para el Binomio de Oro: Wilfran Castillo fue siempre la pluma que convirtió el sentimiento en éxito. 

El premio de un mundo que lo escucha   

La industria musical internacional no tardó en rendirle cuentas. A la fecha, Wilfran Castillo acumula siete Premios BMI y ocho Premios ASCAP (las dos distinciones más importantes que otorga la industria anglosajona a los compositores de habla hispana), además de un doble álbum de oro que certifica lo que el pueblo ya sabía; este hombre es el autor de las canciones que más ingresos por ejecución pública ha generado en Colombia en los últimos años. Sus temas no solo suenan, viven. 

Pero la joya que pocos conocen es esta: Castillo también es abogado. El mismo hombre que hace llorar a América Latina con cuatro versos estudió derecho, como si necesitara una segunda lengua para entender la justicia que sus canciones ya practicaban. Esa dualidad de poeta y jurista, juglar y ciudadano, lo convierte en una figura única en la historia cultural del Cesar. 

El cantante que dormía dentro del compositor  

Durante décadas, Wilfran prefirió la sombra. Otros cantaban sus palabras, él simplemente sonreía desde el anonimato con la satisfacción del artesano que ve su obra brillar en manos ajenas. Pero en 2024, en alianza con Codiscos, decidió salir al centro del escenario con su primer disco como intérprete: «Tu libro favorito». Un álbum que mezcla bachata, tropi pop y vallenato con la naturalidad de quien nunca ha necesitado un solo género para expresarse. 

En 2025 llegó «DobleUU: La Experiencia», su debut en estudio como cantante, presentado en el Festival Vallenato junto a un sentido homenaje a su tío Omar Geles, fallecido en mayo de 2024. «Eso no se afronta, se acepta», dijo Wilfran al referirse a esa pérdida. «Aprendes a vivir con ello y vas juntando los pedazos que quedan de ti para poder sobrevivir con ese sentimiento.» Y como siempre ha hecho, transformó el dolor en canción. 

Valledupar en el mundo, gracias a él   

Cada vez que en una fiesta latinoamericana alguien canta «Que Dios te bendiga», Valledupar viaja sin pasaporte. Cada vez que un corazón roto escucha «Hoja en blanco» o «No voy a llorar», la ciudad del festival se sienta a su lado. Wilfran Castillo no solo es un compositor: es un embajador que porta como credencial una guitarra invisible y más de 900 canciones que ya son patrimonio del alma hispana. 

La Calle se descubre ante él. Ante el muchacho del barrio que no ganó en el fútbol, pero ganó ante el mundo. Ante el sobrino que aprendió del maestro y después fue el maestro. Ante el abogado que entiende que el mayor delito sería callar. Ante el hombre que, todavía hoy, se sienta a escribir como si la primera vez no hubiera sucedido, porque sabe que el amor ese territorio sin mapa, siempre tiene una canción que aún no existe.

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