Por: Isaías Celedón Cotes
Psicólogo y Escritor
“Una vida no se mide por los años que cumple, sino por el sentido que construye y deja sembrado en los demás.” Franjo
Cumplir 90 años no es solo alcanzar una cifra. Es haber respondido, día tras día, a la pregunta más profunda de la existencia: ¿para qué estoy aquí?

El 10 de febrero de 1936 nació Senaida Beatriz Cotes Romero. Pero más que una fecha, nació una conciencia orientada al deber. Hija de Carlos Cotes y de Eloísa Mercedes Romero —la inolvidable vieja Meche— aprendió desde niña que el trabajo no es una condena social, sino una afirmación de dignidad. Allí comenzó a construirse su carácter.
Desde pequeña recolectó cogollo para entechar casas, recogió café en los catabres, algodón bajo el sol inclemente, vendió chivos y cerdos y comercializó mercancía traída desde Maicao. No era explotación: era formación. La psicología existencial sostiene que el ser humano se realiza cuando asume responsabilidad. Senaida no esperó a que la vida le diera garantías; decidió responderle con acción.
Fue hermana mayor de Hernando, Edilberto, José María, Javier Enrique, Magola, Alba, Enilsa y Nurilda. Pero más que hermana, fue modelo. En toda familia existe una figura que inaugura el camino. Ella no impuso autoridad; encarnó coherencia. Y la coherencia, más que el discurso, es la pedagogía más poderosa.
Cuando escuchó en una serranía que en Venezuela el trabajo era mejor remunerado, no reaccionó con miedo, sino con decisión. Migró a Maracaibo con lo único que realmente sostiene a un ser humano: propósito. Luego llevó consigo a sus hermanas. Después, con apoyo de su hermano Hernando, la familia echó raíces. La migración, vista desde la psicología existencial, es una afirmación radical de libertad: dejar atrás lo conocido para construir sentido en lo incierto.
Senaida no solo trabajó; articuló oportunidades. Fue líder sin nombramiento, gestora sin oficina, guía sin aplausos. Ayudó a amigas a insertarse laboralmente en Maracaibo, abrió puertas, conectó personas. La solidaridad, cuando es auténtica, no es filantropía: es conciencia de comunidad.
Madre de Maritza, Isaías, Soraya, Irina y Lolita, enseñó que el amor no es solo afecto, sino estructura. Junto a Miguel Antonio Celedón Aponte levantó un negocio de venta de carne que luego amplió con verduras y pescado. El trabajo constante la convirtió en figura popular, al punto de quedar inmortalizada en el merengue La pesca, de Emiliano Zuleta Baquero. Pocos logran que su nombre se vuelva canción; eso ocurre cuando la vida misma se vuelve relato colectivo.
Más tarde regresó a Venezuela como empresaria de frutas. No se trataba únicamente de prosperar económicamente, sino de algo más profundo: garantizar formación profesional a sus hijos. En términos existenciales, educar es trascender. Es proyectarse más allá del propio tiempo biológico.
En Villanueva estableció su tienda —Carrefour—, espacio que fue más que comercio: fue ágora. Allí no solo se vendían víveres; se intercambiaban historias, consejos, compañía. El ser humano necesita pertenencia tanto como necesita pan.
Hoy la rodean hijos, nietos y bisnietos. Pero más que una genealogía, lo que la rodea es un legado de significado. La psicología existencial enseña que la vida cobra plenitud cuando aquello que sembramos continúa creciendo en otros. Su descendencia no es solo sangre; es continuidad de valores.
A los 90 años, Senaida Beatriz Cotes Romero encarna una verdad que la modernidad suele olvidar: el sentido no se encuentra, se construye. Se construye trabajando, migrando, educando, ayudando, perseverando. Se construye cuando el miedo no paraliza y cuando el amor no se negocia.
Celebrar su vida no es solo un homenaje familiar; es una lección pública. En tiempos donde la inmediatez domina, su biografía recuerda que la grandeza es lenta, silenciosa y constante.
Noventa años no son una edad.
Son una respuesta sostenida al llamado de existir.
Y en esa respuesta, Senaida dejó claro que vivir no es pasar por el mundo, sino transformarlo con las manos, con la voluntad y con el corazón.
Feliz cumpleaños a una mujer que convirtió el trabajo en sentido y la familia en eternidad.

