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Eduardo Mesa Buitrago acabó de enterrar a Emdupar 

La mala gestión de la empresa de servicios públicos de Valledupar deja sin agua a barrios enteros durante el Festival de la Leyenda Vallenata versión 59, mientras los manjoles desbordados envenenan la ciudad.

Valledupar se vistió de fiesta para recibir la edición número 59 del Festival de la Leyenda Vallenata. Miles de turistas llegaron a la capital del Cesar esperando escuchar el mejor acordeón del mundo, comer bollo limpio y bañarse en las aguas cristalinas del Guatapurí. Lo que no imaginaban —y lo que muchos vallenatos ya dan por descontado— es que en varios barrios de la ciudad la llave llevaría días sin soltar una sola gota, y que al menor aguacero las alcantarillas devolverían las aguas negras hasta dentro de las casas.

Esa es la radiografía que deja la gestión de Emdupar bajo su actual agente especial, Eduardo Mesa Buitrago, quien tomó las riendas de la empresa en diciembre de 2025 en reemplazo de José Luis Palomino. Lo que iba a ser un relevo de mejora se convirtió, en la práctica, en el regreso de las mismas quejas de siempre: más racionamientos, más deuda institucional y una infraestructura que no aguanta ni la primera lluvia.

«Todo el día sin agua, y no avisan. Uno se levanta y no tiene ni para cocinar. Vienen turistas y van a decir: Valledupar, la capital mundial del vallenato, con el rio más lindo y no hay ni agua para bañarse.» — Merly de Ángel · Barrio Villa Miriam

Una ciudad de dos velocidades

El patrón que denuncian los vecinos es siempre el mismo: el centro recibe el servicio con regularidad; los barrios populares se secan. Lucelis Cadena, del sector Nando Marín, lo dijo sin rodeos: «Para el centro el servicio es puntual porque para allá no la quitan. Pero para acá, para nuestros barrios, es pésimo. Hay muchos turistas que temen habitar para acá porque no tienen el preciado líquido». Óscar Enrique Cote Sierra, del barrio Francisco de Paula Santander, completó el cuadro: duró quince días sin una gota de agua antes del festival. Los carros cisterna de Emdupar llegaron a abastecer, pero el agua que traían era, en sus propias palabras, «agua que no sirve para nada, que viene hasta sucia». Para colmo, la baja presión impedía que subiera a los tanques y plumas. «Es como si no la colocaran», resumió.

Lisandro Moreno Garcés, también del Francisco de Paula Santander, describió la dependencia que genera la crisis: «Aquí de seis de la mañana a seis o siete de la noche no hay agua en las plumas porque todo el mundo ya se ha afianzado con las turbinas. Los que no tenemos turbinas pasamos trabajo». En otras palabras, sobrevivir sin agua en Valledupar ya cuesta dinero extra que los sectores más humildes no tienen.

Adriana Forero, del barrio La Victoria —con adultos mayores y menores de edad en su casa—, lo sintetizó con una frase que retrata a toda una ciudad: «No parecemos una ciudad sino un pueblo, literal. Y creo que ni en los pueblos se ve esto».

«Yo llevo cuatro noches que no duermo. Me levanto a la una de la mañana porque la ponen medio subida hasta las cinco para poder recoger un poquito de agua para tomar. Esto no es posible.» — Óscar Enrique Cote Sierra · Barrio Francisco de Paula Santander.

Un festival que olía mal 

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Si el agua que no llega ya era humillante, lo que llega sin que nadie lo pida es peor: aguas negras. Cada lluvia convierte a sectores de la comuna 3 y 4 de Valledupar como Villa Miriam, La Victoria, El Hogar y Francisco de Paula Santander, Nando Marín, Leandro Diaz, entre otros barrios aledaños, se convierten en focos de contaminación. Merly de Ángel describió la situación en la manzana 36 con crudeza: «Se nos devuelven las aguas negras por los baños, por las cocinas, por los patios. Aguas sucias de popó. Ya no sabemos ni qué hacer ni a quién acudir». Adriana Forero fue más allá: «Me tocó sacar aguas sucias de dentro de mi casa. Se me dañaron los muebles». Sionaida Rodríguez, madre comunitaria del barrio El Hogar, señaló que los más vulnerables son los que pagan el precio: «Hay muchos niños, ¿y qué pasa con eso? Los niños son los afectados, los adultos mayores».

Lucelis Cadena resumió las consecuencias para la salud pública: «Mucha epidemia, niños con dengue, olores fétidos, brotes. No me parece justo. Emdupar que se ponga la mano en el corazón y haga algo por esos barrios».

Este es el escenario que encontraron miles de visitantes al Festival de la Leyenda Vallenata versión 59: una ciudad que huele a alcantarilla mientras suena el acordeón. Emdupar, lejos de prepararse para el mayor evento cultural del caribe colombiano, no fue capaz de garantizar un servicio básico durante los días más concurridos del año.

El contraste que duele

Para entender la magnitud del retroceso, hay que comparar. Cuando el antiguo interventor José Luis Palomino llegó a Emdupar como agente especial en 2024, encontró una empresa con un pasivo millonario, tuberías colapsadas y sectores sin agua. Lo que hizo fue actuar: adquirió ocho kilómetros de tubería PVC para reemplazar la red de asbesto cemento, ejecutó entre abril y agosto de 2025 un plan intensivo de mantenimiento de alcantarillado que atendió 1.665 reportes de rebosamiento limpió 985 pozos de inspección e intervino casi 100 kilómetros de tubería sanitaria. Impulsó el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, la modernización de la planta de tratamiento y la reparación de los tanques de La Popa y La Pedregosa. También creó el ‘Plan Vallenato’, un mecanismo de financiación para que los usuarios morosos se pusieran al día sin intereses. Palomino llegó pisando callos, como él mismo reconoció, pero al menos dejaba ver resultados, resultados comparados en el evento principal de la cuidad, el Festival Vallenato. 

Mesa Buitrago llegó en diciembre de 2025 con un perfil técnico sólido: ingeniero civil con 23 años de experiencia, especialización en gerencia de proyectos y maestría en administración de negocios. Las promesas fueron ambiciosas. Sin embargo, la ciudadanía no ha percibido mejoría y se excusan en comunicados que salen cuando ya no hay agua.

El semanario consultó a la comunidad de barrios como Bellavista y la urbanización 450 Años, quienes señalaron que el servicio ha empeorado en los últimos meses. Según reportes, la empresa también habría profundizado su crisis financiera bajo su gestión, acumulando más pasivos en lugar de reducirlos. El festival de 2026 se convirtió en el espejo más cruel de esa realidad.

«Empupar es una empresa sólida, el agua viene por gravedad. ¿Cómo es posible que siempre que llueve los manjoles se rebocen y dicen que no sirve?»

— Lisandro Moreno Garcés · Barrio Francisco de Paula Santander.

A pesar de los constantes reportes de la comunidad sobre los continuos rebosamientos de alcantarillado y los prolongados cortes de agua que afectan su calidad de vida, el Semanario La Calle no logró obtener un pronunciamiento oficial por parte del agente interventor de Emdupar, Mesa Buitrago. Este medio intentó contactarlo en reiteradas ocasiones, yendo a las instalaciones para conocer el plan de contingencia frente a estos sucesos; sin embargo, la única respuesta obtenida por parte de su equipo de comunicaciones fue que «a él no le gusta dar entrevistas» o «el se fue de viaje» dejando a la ciudadanía sin las explicaciones necesarias ante la crisis operativa que atraviesa la empresa de servicios públicos.

¿Qué exige la comunidad?

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La respuesta de las comunidades consultadas es unánime: que Emdupar se ponga la mano en el corazón. Que haga un censo real sobre quién tiene y quién no tiene agua. Que arregle los manjoles antes de que la próxima lluvia vuelva a convertir las casas en cloacas. Que avise cuando va a cortar el servicio para que la gente pueda abastecerse. Que no cobre recibos de cincuenta o sesenta mil pesos por un agua que llega sucia, con baja presión y solo a las dos de la mañana o que, en otras ocasiones, simplemente no llega.

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