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Informe especial: La miseria que esconde la margen derecha del Río Guatapurí

A pocos pasos del Centro Histórico de Valledupar, espacio que promete ser el atractivo turístico más importante de la ciudad, está la cara oculta, esa que muchos saben que existe, pero se niegan a reconocer.

Este medio de comunicación recorrió las calles de la margen derecha del río Guatapurí y retrató la lucha de estas personas contra el hambre, miseria, drogadicción, contaminación, la negligencia de las autoridades y el olvido de los dirigentes políticos. Conozca la cruda realidad de una población valduparense a través de este informe especial.

El río Guatapurí además de llevar una corriente desenfrenada a su paso y dar vida al famoso balneario Hurtado, la leyenda de la Sirena, y hace dos años, el Parque de La Provincia como atractivo turístico y cultural, es el epicentro de la carrera cuarta y su gente ribereña, aquella población que por una lucha de asentamientos ilegales hace más de 35 años o mal llamados ‘barrios de invasión’, hoy sigue condenada a no ver ni migajas de los recursos de inversión social.

Tiempo suficiente para resignarse al olvido de la institucionalidad y sobrevivir casi como república independiente en la majestuosa Valledupar, a un costado de su zona céntrica como joya colonial patrimonial, fuertemente golpeados por la miseria, exclusión, drogadicción, baja escolaridad, desempleo, el éxodo de los venezolanos en Colombia, y tantos otros problemas que los rostros cuentan «por sí solos».

La esperanza de una vivienda digna

Entre los avisos y alertas de vivir en zona de alto riesgo no hay novedad, son ‘periódico de ayer’, en este lugar familias numerosas desde tres y hasta 12 hijos viven en casas de bahareque, zinc y plásticos, y de la población total, solo se puede decir que es un gran número, ya que no hay institución que haya realizado un proyecto censal, ejercicio estadístico o caracterizaciones con fundamento, porque como responden sarcásticamente los mismos moradores “a los del DANE se les perdió el camino”.

Las últimas administraciones escasamente saben que en 2016 la Cámara de Comercio de Valledupar logró identificar a 4.025 viviendas; datos que son desactualizados al no registrar el crecimiento que han tenido los sectores Pescaíto, Paraíso, Nueva Colombia, 9 de marzo, La Macarena, Esperanza, Zapato en Mano, Canta Rana, y Once de Noviembre, que han visto durante los últimos años la llegada masiva de venezolanos, donde incluso en calles completas habita una misma familia que emigró del vecino país.

Conversar con los primeros habitantes y casi fundadores de la margen, es conocer que más de cuatro millonarios proyectos de reubicación se ha llevado el río, y la meta de construir más de 2.000 casas es el discurso populista vociferado a boca llena de todo el que quiere llegar a la Alcaldía de Valledupar, y que en administraciones anteriores no ha sido más que una promesa incumplida.

Orlando Arce, habitante de la margen, no vacila cuando dice: “Aquí vino el alcalde Mello Castro, se tomó un café y al sol de hoy, no lo hemos vuelto a ver, así son todos”. De la reubicación solo escuchan que el municipio no tiene dinero, pero en ese engaño en el que han vivido por más de 30 años, es más fuerte la esperanza y el anhelo de tener una vivienda digna, y por ello, con calor humano de gente humilde, en casas pequeñas y sin lujos, reciben a los políticos que en campaña electoral ven “de la cuarta para allá” el camino en busca de votos.

Servicios públicos domiciliarios, a como dé lugar

En la margen derecha no conocen de condomio, administración y figuras jurídicas, pero es de admirar la unión de esta comunidad para la satisfacción de las necesidades y el bien colectivo. Mientras los habitantes que se consideran de la metrópoli se quejan y luchan contra los cobros excesivos en los servicios públicos, en la margen la realidad es otra, sobre ‘La Cuarta’ están los tubos madre que surten el agua, pero para que llegue hasta los últimos hogares deben  buscar la forma de tener un tubo de pluma por calle o cuadra, para tener luz necesitan cierta cantidad de cable y postes hechizos, y lo más irónico, cocinar con leña teniendo válvulas de gasoducto en medio de ellos.

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“Nosotros no tenemos gas, pero nos dejaron una ‘bomba de tiempo’, un peligro para toda la ciudad, aquí está el gasoducto y llaves que surten de gas a Guachoche, Guacochito, Los Corazones, Las Raices y otros corregimientos, y encima están los hornos de carbón prendidos día y noche, de lo que viven muchas familias aquí. No hay ninguna señalización, y eso parece que a nadie le importa”, contó Ruth Jiménez, líder del Nueve de Marzo, rogando a Dios que no se presente un infortunio de dicha magnitud.

El río Guatapurí, el basurero de Valledupar

Por otro lado, luchan contra la contaminación y la llegada diaria de grandes cantidades de basura arrojada por carromuleros y camiones, dado que muchos valduparenses no saben que la poda del árbol o los escombros de la construcción que realizaron van a parar al Guatapurí. Pero para colmo de males también llega al río y deben aguantar los fétidos olores de aguas negras que descargan desde el alcantarillado del Centro Histórico y otras conexiones irregulares que están dañando la purificación del agua.

“Ellos no son el problema, son parte de la solución”, son las palabras del líder ambientalista Luis Maestre, quien trabaja con la comunidad por acciones en defensa del río Guatapurí. En fin, no tienen un sistema de recolección de residuos, nunca han visto entrar al camión de Interaseo, a sus basuras les prenden fuego o son llevadas hasta la vía principal, pero sí deben soportar la del resto de la ciudad por la falta de responsabilidad social y ambiental de la administración pública municipal.

La Corporación Autónoma Regional del Cesar, Corpocesar, también peca por omisión y no pierde la oportunidad para evadir la responsabilidad, participando de la afección que viven en carne propia los habitantes de la orilla del afluente, esos que tienen la corriente en el patio y el sonido del agua les ambienta el día, aquellos que en silencio recogen cualquier cantidad de plásticos y desechos, y quienes en épocas de lluvia no duermen y son guardias de centinela con lámparas en manos monitoreando el caudal y que no los sorprenda una creciente como las tragedias vividas en años anteriores, porque no hay gavión ni muro de contención que controle la fuerza del agua que baja de la Sierra Nevada.

Gente trabajadora, dinamizadora de la economía

“Estamos en la guerra y todos salimos a la calle a trabajar, unos recicladores, las mujeres en casa de los ricos, otros pedimos colaboración, yo vendo sopas de letra y libros que me da un señor, llego casa por casa, para ganarme la vida, el diario para mi familia que son $10.000 o $12000 mil pesos”, fueron las palabras de un padre de cuatro niños al abordarlo saliendo de su casa y preguntarle ¿De qué vive?

En medio de tanta pobreza, es oportuno destacar que en la margen vive un capital humano de gran valor económico y social, en estos sectores viven trabajadoras y trabajadores que sirven a la clase alta, cuidadoras de niños, docentes, constructores de obras, verduleros, carromuleros, carretilleros, recicladores y gran parte del comercio ambulante o estacionario que a diario vemos en las calles de Valledupar.

Pese a que sus ganancias diarias quizás no lleguen a un salario mínimo, no reciban prestaciones sociales y muchas veces sean reciban opiniones o prejuicios discriminatorios, son agentes dinamizadores de la economía, ¿ o que sería de la situación de miles de hogares valduparenses donde una mujer empleada diariamente prepara el almuerzo que los jefes y ejecutivos del hogar disfrutan a su llegada; y otras acciones más donde se reconoce la necesidad de los servicios que prestar desde tempranas y hasta tardes horas muchas personas de esta comunidad?

Hornos de carbón, la principal fuente de empleo

Entre la necesidad y falta de empleo nace el humo desagradable que diariamente nubla el Centro Histórico y barrios aledaños, no es quema de basura como muchos creen, se trata de la fuente de ingreso propia de varias familias que aun conociendo las afectaciones a la salud y el impacto ambiental que generan compran a muy bajo costo las podas de arboles para quemar durante siete y diez días en hornos artesanales hasta obtener carbón vegetal y distribuir en el mercado público y tiendas de Valledupar.

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El carbonero come, duerme y vive 24 horas tiznado de negro pendiente a su producción, por horas debe estar encendido, moviendo los tubos, tapar con tierra porque en un descuido otro puede apoderar y se presentan fuertes luchas entre habitantes.

En la visita al lugar, el equipo periodístico de este medio alcanzó a contar 12 hornos encendidos, y de la voz de los carboneros se conoció que la producción normal varía entre 20 y 25 pilas sacando de cada horno aproximadamente 40 bolsas de carbón que son pagadas al productor a un valor entre los $2.000 y $3.000 pesos, pero vendidas al público en tiendas y pequeños supermercados en $5.000 y $7.000 pesos; y cada 10 o 20 minutos llegan carromuleros con una poda para ser vendida al mejor postor.

La drogadicción y el microtráfico, los temibles monstruos de la margen

Así como hay sectores muy unidos, apoyo entre familias y cuidan el patio del vecino, también hay sectores de límites y fronteras invisibles manejadas por bandas delictivas y temibles alias que regulan el tránsito en el territorio.

Efectivamente, el monopolio de la droga, al que se dedican unos cuantos, se ha convertido en un problema de todos, al ser blanco de una estigmatización social general de los habitantes de la margen derecha, y uno de los mayores retos de las autoridades policiales y cuerpos investigativos ha sido combatir la comercialización de sustancias psicoactivas en este lugar, objetivo que no ha sido fácil.

La Macarena, lo que no es más que un simple lote entre Nueve de Marzo, Pescaito y otros siete sectores, es el espacio de refugio de los habitantes de calle e indigentes donde hay plena libertad para el consumo y punto de encuentro para rendición de cuentas, los temibles alias tienen todo un esquema de seguridad y personas para su protección, a este lugar  llegan los ‘zombies’, aquellos que desde primeras horas del día salieron con cantidades y dosis de bazuco, Tusi, Cocaína y cualquier otra, para la venta en lo largo y ancho de la ciudad.

Estremecedores relatos contados por la comunidad se escuchaban al ritmo de cada paso, hasta llegar al lugar donde reinó un silencio absoluto y solo fue permitida la observación por varios minutos, entre ellos, conocer la vivencia de una mujer de 60 años, quien con lágrimas contó, que hoy vive sola en su rancho porque en la puerta de su casa dejaron tendidos y sin vida a sus dos hijos, la más reciente tragedia no alcanzaba los seis meses y el delito que les costó la vida fue ser hijos de una líder comunitaria que frecuentemente permitía el ingreso de la Policía a la zona y realizaba actividades por el bien colectivo.

Otra historia susurrada en voz baja en medio de la guerra que tienen las autoridades con temibles jíbaros, fue la muerte de la ‘Mona’, según cuentan, una mujer robusta blanca y de pecas, encargada de la distribución en el Mercado Público de Valledupar, quien por razones desconocidas no respondió por la droga y fue asesina e incinerada en un horno de carbón, de ella solo encontraron sus fémur, “me dolió eso que lo hicieron a la Mona, ese fue alias J***, en ese momento yo era infiltrado y ella me ayudó en los diez meses que estuve de indigente y con el costal encima”, contó un uniformado que conoce la letra menuda, movimientos de la drogadicción y microtráfico y desarticulación de bandas en esta zona.

Todo esto pudimos conocer de cerca de este sector olvidado de Valledupar, de donde tuvimos que salir porque un joven de 12 años se acercó y nos dijo que abandonemos el lugar, porque la zona se calentó….

 

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